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Mientras más nos reunimos

Una entrevista con Jorge Lockward, ministro de música en congregaciones tanto hispano como anglo-parlantes (RW 53:20-23)

Me bajé del metro y caminé un par de cuadras a una iglesia grande en la esquina de Ámsterdam y la 105 en la ciudad de Nueva York. Especialmente en la última generación,

la iglesia West End Presbyterian (Iglesia Presbiteriana West End) ha experimentado muchos cambios.

Cuando llegué, el ensayo coral ya había comenzado; coros de ambas congregaciones (la anglo-parlante que se reúne a las 11 a.m. y la hispano-parlante a la 1 p.m.) estaban ensayando para un servicio de alabanza conjunto. Jorge Lockward, que dirigía desde el piano, se encontraba rodeado por los cuatro coros: el coro tradicional, un coro de gospel, un grupo de alabanza, y un coro menor. Hablando en inglés, luego en español, y siempre hablando elocuentemente desde su teclado, Lockward iba de un coro y un estilo musical a otro mientras que ensayaban la música para el servicio.

Este era un gran día. No habían tenido un servicio conjunto en casi un año. Pero las cosas estaban cambiando en West End. Durante generaciones, la iglesia West End se mantuvo en la tradición de la alta iglesia con un coro mayor tradicional y un coro menor. Últimamente es una iglesia en busca de identidad. Durante más de treinta años han habido servicios tanto en inglés como en español, cada uno con su propio ministro y su propio director musical, aunque estructuralmente siempre fueron una sola congregación, bajo el mismo concilio de ancianos y diáconos.

Hace tres años la iglesia tomo un gran paso en su búsqueda de una nueva identidad. Decidieron buscar un ministro de música que pudiera servir a ambas congregaciones que eran parte de la iglesia.

Durante la recepción después del servicio, el pastor Alistair Drummond habló de la importancia de dicha decisión: "Entre los dos servicios ahora tenemos un sentido más claro de respeto hacia la alabanza respectiva de cada uno. La formación de un coro gospel para el servicio en inglés y de un grupo de alabanza para el servicio en español ha ayudado a desarrollar el respeto hacia la alabanza de cada uno. Hoy, este respeto le permite a la gente a unirse en un solo espíritu, lo cual no sucedía hace dos o tres años. "En ese entonces el desafío era armar un mosaico". Tras la recepción, Jorge y yo hablamos acerca de su ministerio en West End.
-Emily R. Brink, RW editor

RW. Describa los retos que encontró cuando llegó a West End.

JL: Fui llamado a la iglesia West End con un propósito específico; el Rev. Drummond tenía la visión de tener un solo ministro de música para ambas congregaciones. Él me indicó claramente que quería construir puentes entre ambas congregaciones por medio de la adoración y la música, para que más tarde pudiéramos en realidad ser una sola iglesia. Se empezó a dar el fenómeno de que más gente joven del servicio en inglés estaba comenzando a asistir al servicio en español, de manera que éste servicio comenzaba a ser más bilingüe. Por eso es que necesitaban a alguien que también fuera bilingüe.

El reto, claro está, fue con los estilos musicales. A algunas personas les gusta el estilo de gospel negro, a otros les gusta la música cristiana contemporánea así como muchos otros estilos musicales. Tuvimos algunas peleas entre nuestras dos congregaciones, especialmente con respecto a la adoración. Yo siempre he dicho que en la adoración multicultural, el problema principal no es el idioma o la cultura sino el poder. El poder se convierte en un problema cuando pensamos, como es común entre nosotros, que la adoración es algo que hacemos para nosotros en vez de algo que hacemos para Dios. A menudo oímos comentarios de lo que "me complace a mí", "lo que a mí me gusta", y otros parecidos. Y, por supuesto, hay un elemento de la adoración que le da poder a la gente, ya que reflejamos los dones que Dios nos ha dado al dárselo en el culto. Sí, se recibe poder, pero definitivamente no somos el enfoque de dicho poder; éste es un resultado secundario, no el objetivo de nuestra adoración.

El ver unida a la gente hoy, es muestra de un nuevo espíritu, y estoy agradecido a Dios por ello. Por ejemplo, usted notó que comenzamos tarde. Fue difícil organizarlo todo, con todos los coros diferentes. En el pasado, eso hubiera sido un gran problema. Me hubieran frito vivo si el servicio hubiera comenzado dos o tres minutos más tarde. Sin embargo, hoy había un sentido de entendimiento y relajamiento. La gente se estaba saludando antes del servicio y estaban unidos entre sí. Pero cuando todo estaba listo y Paul comenzó a tocar su flauta, todos se callaron y comenzamos el culto juntos. Esta fue la primera señal, para mi, de que las cosas comenzaban bien, y en ese instante dije, "Gracias Dios".

Después, durante el servicio, fue muy significativo para mí el ver a todos esforzándose por cantar en otro idioma. En esta congregación la lucha ha sido profunda. Por lo tanto estoy muy agradecido porque esta mañana vivimos un momento culminante.

¿Qué contribuyó a este nuevo espíritu de colaboración? ¿Tuvo algún impacto el haber añadido otros coros?

Déjeme mencionar un cambio de opinión respecto al coro tradicional, un grupo que siempre ha incluido cantantes profesionales. Al principio, se suponía que necesitábamos profesionales, porque nos gusta mucho la música culta. En realidad aún nos gusta; para las Pascuas cantamos una parte del Mesías de Haendel. Yo aliento a todos los coros a cantar música variada. No es tanto una cuestión música culta o popular, sino más bien de la variedad y espiritualidad interna.

Sin embargo, gradualmente comenzamos a añadir más voluntarios, hasta que tuvimos más voluntarios que profesionales; ese fue el primer paso. Los otros coros comenzaron a crecer también. Ahora la iglesia disfruta del grupo de alabanza (en el servicio en español), del coro negro de gospel y del coro menor (en el servicio en inglés), tanto o más como disfruta del coro tradicional. Si la gente quiere cantar, se les encuentra un lugar y se arreglan las cosas. Siempre hay caminos. Por ejemplo, cuando comenzó el coro de gospel, propusimos tímidamente que quitaran algunas bancas de una de las secciones laterales para crearles espacio. Aun estoy tratando de conseguirles mejor iluminación.

Recientemente tuvimos una reunión muy fuerte con el comité de música y adoración. Allí se planteó la necesidad de conseguir cantantes profesionales para el coro tradicional. Dejé que saliera de ellos la inquietud. Ahora que los otros coros se estaban desarrollando, los miembros del comité estaban listos para hacer esa petición. Así es que decidimos volver a pensar este ministerio cuando los cantantes tomen su descanso en el verano. Necesitamos orar y discernir juntos, para que si los volvemos a llamar al fin del verano, es porque creemos que Dios los quiere aquí y que hay un propósito en nuestro ministerio conjunto; lo que no queremos es hacer las cosas solamente porque siempre lo hemos hecho así. Este es el momento para que maduremos.

Con tantos coros, planear por adelantado debe requerir mucho cuidado. ¿Cómo se planean los servicios de adoración en West End?

Para los servicios en español yo me reúno con la pastora Amy Méndez y con Rose Deler, miembro del comité de adoración, y planeamos todo un mes. Entonces recibimos la retroalimentación del comité de adoración y música y del grupo de alabanza en sus ensayos. Para el servicio en inglés solo habemos dos personas involucradas, el pastor Alistair y yo, y recibimos algunas sugerencias del comité de adoración y música. Para los servicios especiales nos hemos estado reuniendo un grupo de seis personas para planearlos juntos. Son individuos muy creativos.

La mayoría de las reuniones de planeación con el pastor no son en realidad de planeación; son más bien sesiones para pensar juntos y encontrar áreas comunes. Nos reunimos cada lunes a las 11 a.m. Ese es uno de los momentos más importantes de la semana para mi. Hemos trabajado muy duro para alcanzar un nivel de confianza y reconocimiento mutuo tanto musical como teológico: que el pastor acepte que tengo algo que ofrecerle teológicamente y que yo reconozca que él tiene algo musical que ofrecerme. No consideramos que estamos en áreas muy separadas, ni que nuestras dos áreas no tienen intersección. Esta actitud nos ayuda en nuestra planeación y nos permite mantenernos bien unidos.

También déjeme decirle una de las cosas maravillosas acerca de esta iglesia, y que antes me molestaba mucho. Los presbiterianos son muy congregacionales, en el mejor sentido de la palabra, ya que creen que el poder se encuentra en ellos mismos. Por tanto, ellos le hacen saber a sus ministros lo que les gusta y lo que no les gusta. Yo no estoy acostumbrado a eso. Viniendo de un contexto metodista, estoy más acostumbrado a la actitud de que si me contrataron es porque confían en mi y me van a dejar hacer lo que yo quiera, por así decirlo. Sin embargo, he aprendido a apreciar sus comentarios y a menudo ellos también me dan sugerencias positivas.

Hoy, Alistair se arriesgó; él había planeado continuar una serie de sermones sobre Pedro titulados "Sobre esta roca", y él ya había preparado ese sermón. Pero cuando el comité vio los otros pasajes indicados en el leccionario, le dijeron, "No predique sobre el pasaje de Pedro; nos gustaría un sermón basado en Juan 10 acerca del Buen Pastor. Para este servicio conjunto, creemos que es más importante enfocarse en las buenas nuevas de que el Buen Pastor nos conoce por nombre. Lo que necesitamos es conocernos los unos a los otros. Aun cuando nuestras dos congregaciones de West End han estado adorando en el mismo edificio durante años, aun no nos conocemos. Después, en el mismo capítulo de Juan –una parte que no est&aa -- ute; incluida en el leccionario -- Jesús dijo no sólo que él conoce a sus ovejas y que ellas le conocen, sino que tal conocimiento es similar a otro: "así como el Padre me conoce y yo conozco al Padre" (10:15). Ese es un conocimiento muy profundo.

Luego nos preguntamos -- olvidándonos de lo que Alistair había preparado -- ¿cómo es que este texto habla a nuestra situación como una iglesia actual? No solo como una congregación, sino como una parroquia, como una comunidad más amplia. Nuestra iglesia, como muchas otras, está lejos de pensar "el mundo es mi parroquia". Mas bien, frecuentemente piensa que los miembros son su parroquia. Esa es una perspectiva demasiado limitada. Cuando menos, hagan de su comunidad y vecindario su parroquia, haciéndose espiritualmente responsables de cada persona -- la responsabilidad más grande que hay.

Alistair rehusó un poco al principio, pues ya tenía su sermón planeado. Sin embargo, dos días después regresó con un sermón nuevo, con algo fresco. Parte de lo que pasó hoy fue tan sorprendente para mí pues viene de ese espíritu de apertura de nuestro pastor.

Usted también es una persona muy abierta. ¿Qué lo preparó para este tipo de diversidad?

He trabajado mucho ecuménicamente con los pentecostales, metodistas y presbiterianos, aunque crecí en una iglesia de los hermanos de Plymouth, donde las mujeres usaban velos y no tenían derecho de hablar en público; aunque se les permitía cantar. No había un líder en el servicio de nuestra iglesia. Sin embargo, descubrí en mi temprana adolescencia, tocando el piano en la alabanza, que cómo músico, era un líder. Me di cuenta de que mucho de lo que pasaba en un servicio tenía que ver con mi situación espiritual. Si yo llegaba a un servicio vivo y conectado, el servicio lo reflejaba. El poder y la responsabilidad que tenía me impactaron mucho. Recuerdo claramente el servicio en el cual me di cuenta por primera vez de que era un ministro de música, no un músico -- esa música era un medio, y el Espíritu que la usaba era lo más importante.

Lo que ocurre en la adoración es obra de Dios, y yo, como un líder, estoy colaborando con Dios. Y si yo no estoy colaborando, Dios no permite que ocurra algo. Claro está, muchas veces Dios actúa muy por encima de nosotros. El pensar que de algún modo Dios elige estar en colaboración conmigo, es algo asombroso.

¿Qué modelos tuvo al crecer? ¿Quién tuvo influencia en su forma de pensar como líder de adoración?

Yo crecí en la República Dominicana y aprendí a tocar el piano viendo a mi madre tocar y aprendiendo a cambiar de página. Pronto comencé a tocar himnos -- creo que mi primer himno fue "Resucitó". Mi primera experiencia en una iglesia fue cuando un misionero que estaba de visita me pidió acompañar a los niños en un canto.

La influencia más grande en mi vida fue Rafael Grullón, un conductor y compositor de la República Dominicana. Él era un amigo muy cercano a mi padre, y yo tocaba para él cuándo venía a nuestra casa. Un día cuando su coro estaba preparando el Mesías, me llamó y me pidió que viniera al ensayo; me dijo que necesitaba ayuda para enseñarle a los tenores su parte para el primer coro. Así es que me envió a un callejón a un lado de la iglesia a enseñarle a los tenores "Y la gloria del Señor". Entonces comencé a practicar el Mesías en el piano. ¡Por supuesto, era muy difícil ya que era una reducción orquestal y mi madre se hartó de que tocara lo mismo una y otra vez! He de haber tenido catorce años.

Mi primera experiencia como conductor vino cuando Grullón me llamó justo antes de un concierto y me dijo que tenía que ir a México, y me preguntó si podría conducir. ¡Nunca había conducido en mi vida! Sin embargo hay algunas cosas con las que tengo que trabajar duro, y otras cosas son un don. Conducir era un don. Levanté mis manos, conduje el concierto y lo disfruté mucho. Al principio fui conductor asistente, y después Grullón me dejó por completo y yo lo reemplacé. En cierto modo, esos fueron mis años dorados. Viajamos mucho, a Haití, Puerto Rico, Nueva York. Hicimos muchas cosas poco convencionales como cantar en las prisiones. Nos convertimos en un grupo cercano de amigos.

El compositor y maestro argentino Pablo Sosa ha sido otra gran influencia en mi vida. Lo conocí en un taller en Nashville, al que asistí como un participante y terminé siendo el acompañante. Aprendí mucho de él, especialmente cómo dirigir a una congregación, como enseñar una canción, y cómo hacerlo sin temor, la cual no era fácil para mí, ya que no tengo una buena voz.

Otra influencia más reciente ha sido mi trabajo en el nuevo himnario en español Mil Voces (Abingdon, 1996.) Conocí a la editora, Raquel Martínez, cuando trabajamos juntos en un evento metodista de ministerio a mujeres, y desde ahí me tomó bajo su cuidado. Haber trabajado en ese himnario me cambió la vida. Mi vida en la música de iglesia se puede describir como antes y después del himnario.

¿Adónde ve que Dios esté llevando a la iglesia, sobre todo considerando que la gente que la compone es muy diferente entre sí?

Si yo supiera la respuesta a esa pregunta sabría la respuesta al misterio de la trinidad, así como Jesús oró para hacernos uno tal y como él y el Padre son uno. Es un misterio en el sentido paulino del término. El aprender a vivir en unidad unos con otros es una cuestión muy orgánica. Yo creo firmemente que la adoración es el lugar en el que necesitamos modelar la unidad, ya que la adoración, cuando realmente lo es, se convierte en el momento de mayor vulnerabilidad y seguridad en la vida de una persona y de una comunidad. Somos al mismo tiempo vulnerables y seguros cuando se da una verdadera adoración. La adoración incluye estas paradojas. Cada vez que algo sucede en la adoración, es como un catalizador que comienza una reacción en cadena. ¡He estado en bastantes servicios de adoración!

Hay un lado mio que quiere hacer y cambiar esto y aquello. También está la voz del Espíritu que me recuerda contínuamente que debo ser parte del proceso, que me recuerda lo que estoy llamado a hacer en vez de imponer mis propias opiniones. Para mi todo comienza con la voluntad de estar en un proceso junto con los demás. Y con el entendimiento que viene de la Biblia de que va a ser un camino difícil. Estamos llamados a apoyarnos unos a otros, a llevarnos bien aún cuando está claro que no siempre nos vamos a llevar bien. Este reto es una oportunidad que Dios nos da para crecer. Estamos llamados a hacerlo. Sin embargo el "cómo" es un proceso. ¿Cómo te haces discípulo? ¿Oras cuatro veces, y haces esto o aquello tres veces? No, todo consiste en andar el camino difícil con Dios.

¿Qué palabras de aliento le ofreces a los jóvenes de hoy que quieren ser líderes de adoración?

Si tienes un llamado, tómalo. Es un llamado maravilloso. Acércate a otras personas que están haciendo cosas que te llaman la atención. Trata de ser como ellas. Capacítate no sólo musicalmente sino también teológicamente. Asegúrate de lo que crees y no sólo de lo que dicen los libros, aunque estos se necesitan para saber dónde estas, lo que piensas y lo que crees. Una de mis reglas en el ministerio musical -- que a veces es difícil honrar -- es que no diré algo que no creo. Esto se aplica no sólo cuando estoy seleccionando música sino también en la forma en la que la cantamos.

Involúcrate por completo en lo que haces. Si no, estas operando a un nivel de falsedad. Y la gente moderna puede detectar la falsedad inmediatamente. No es tanto la ejecución de las cosas lo que importa. Lo más importante es ser un modelo para la congregación de cómo enfrentar los retos.