Resources
Hábitos verticales: La Iglesia misional y la adoración
John D. Witvliet
Enero de 2006
Introducción: Los problemas
-La falta de claridad en cuanto al propósito de la adoración en general
George Barna: “La mayoría de la gente de la iglesia que discute sobre sus preferencias musicales lo hace porque no entiende la relación entre la música, la comunicación, Dios y la adoración. Los líderes de la iglesia fomentan el problema por enfocarse en cómo complacer a la gente con la música o cómo ofrecer suficientes estilos de música según el gusto de cada quien, sin enfrentarse a los asuntos subyacientes: un interés limitado en, comprensión de y involucramiento en la adoración fervorosa de un Dios santo y digno de ser adorado.” Barna también dijo que aunque la música forma una parte importante en el proceso de la adoración, muchas veces recibe más énfasis de lo que merece en el acto de adoración. La música es una herramienta para ayudar a la gente a comunicarse con Dios, pero muchas veces pasamos más tiempo discutiendo sobre la herramienta que hablando sobre el producto y el propósito de la herramienta.” El estudio de Barna descubrió que, entre los asuntos claves con respecto a la adoración, los adultos que se congregan y los pastores titulares protestantes no concuerdan en el resultado más importante de la adoración. Los congregantes opinaban que la adoración era una actividad para beneficio propio (47%), mientras que los pastores describían que el propósito era conectarse con Dios (41%) y experimentar su presencia (30%). Sólo tres de diez congregantes adultos (29%) indicaban que pensaban que la adoración era algo que se enfocaba principalmente en Dios. Uno de cinco congregantes admitió que no tenía ninguna idea de lo que podría ser el resultado más importante de la adoración.
-La falta de una metáfora unificadora (e iluminadora) para la adoración o para entender la adoración aparte de sus diferentes manifestaciones estilísticas.
SER PADRES DE NINOS PEQUENOS, BILLY GRAHAM Y EL PAPA: La analogía lingüística
-Nuestro lenguaje no sólo refleja, sino que también forma nuestros pensamientos y emociones.
-Un lenguaje sano no se adquiere de una manera natural; se tiene que aprender
-La conversión y el crecimiento en la fe son, en parte, cuestión de aprender un nuevo lenguaje.
INTRODUCIENDO LOS “HABITOS VERTICALES”
Este proyecto de “hábitos verticales” explora una de las muchas maneras de acercarse al tema de la adoración fiel y bíblica. No es la única manera. Tampoco aborda todos los asuntos urgentes. Sin embargo, sus ventajas hacen que sea un buen punto de partida para nuestro trabajo.
1. Aprender a hablar es uno de los milagros más grandes de la vida. Aun para los niños pequeños, los hábitos sanos de lenguaje no se adquieren sin esfuerzo. Los niños pequeños tienen que aprender a decir “gracias,” “lo siento,” y “por favor.” Los padres tienen que impulsar y reforzar estos pasos conversacionales básicos. Eventualmente se convierten en parte de la manera en la que los niños pequeños ven el mundo y dirigen sus relaciones. Eso sí, hay pocos momentos más preciosos que oir un inesperado “gracias Mami y Papi.” …. Te quiero…lo siento….Gracias…..Ayúdame. Palabras como éstas nos ayudan a construir relaciones sanas, y cada relación depende de ellas. Cuando no se practican, fracasan los matrimonios y se desintegran las amistades.
2. El lenguaje de fe forma una parte central de la vida cristiana. Una de las metonimias más provocativas e inspiradas de las Escrituras es que Dios es para su iglesia un Esposo. Al Dios de la Biblia no sólo le importa que lo contemplemos o que lo aplaquemos. A este Dios le importa el intercambio de una vida de fe compartida, un elemento central de lo cual es la buena comunicación. Hay más que suficiente evidencia de esto en los 150 salmos de Cantar de los cantares; cada uno de los cuales expresa por lo menos un hábito esencial comunicativo para la gente que vive en una relación de pacto con Dios.
3. Una de las maneras en las que aprendemos a tener buenos hábitos comunicativos con Dios es participando en la adoración pública. Cuando nos reunimos para adorar a Dios, la iglesia nos invita a decirle colectivamente, “Te amamos.” “Lo siento.” “¿Cómo?—Te escuchamos.” “Ayúdanos.” “Gracias.” “Te serviré.” De hecho, algunos órdenes de adoración básicamente siguen este patrón, asegurando una dieta sana y equilbrada del lenguaje de la fe. Como dice Thomas G. Long en su reciente libro, Testimonio, la adoración es “la academia de lenguas de Dios.” Como con los niños pequeños, estos hábitos lingüísticos requieren mucha práctica. Pero la disciplina vale la pena, para así prepararnos poco a poco para expresar nuestras preocupaciones, esperanzas y alabanzas de forma más profunda. Cuando viajo, me encanta oír las oraciones de gente de diferentes congregaciones y tradiciones. Muchas veces repiten el lenguaje que primero se aprende en el acto de adoración.
4. El desafío que se nos presenta es que, cualquier domingo, todos venimos a la iglesia con nuestros propios cuentos. Algunos quieren decirle a Dios “¡gracias!”. Otros quieren gritar, “¿por qué?”. Otros quieren decir “lo siento,” aunque lo último es necesario para todos. Para decirlo de otra forma, algunos vienen listos para cantar el salmo 100, y otros, el salmo 13, y todos, si somos honestos, necesitamos recitar el 51. Los buenos cultos de adoración dejan sitio para estas palabras esenciales. Nos ayudan a todos a expresar nuestras experiencias particulares, pero también nos ayudan a utilizar formas de hablar que tienen que practicarse. Esta es una razón por la cual la adoración pública es tan importante—nos motiva a utilizar formas de lenguaje de fe con Dios que normalmente no usamos cuando estamos solos. La adoración auténtica, como el habla de los niños pequeños, expresa quiénes somos y forma las personas en quienes nos estamos convirtiendo.
Ejemplos de buenos hábitos interrelacionales Elementos de adoración
- Te amo _______________________
- Lo siento _______________________
- ¿Por qué? _______________________
- ¿Cómo? Te estoy escuchando _______________________
- Ayúdame _______________________
- Gracias _______________________
- ¿Qué puedo hacer? _______________________
- Que Dios te bendiga _______________________
(Podríamos añadir más ejemplos.)
5. Buenas nuevas: la adoración no es una conversación unilateral. Hablamos con Dios pero Dios también habla con nosotros. A través de las Escrituras y sermones que se hacen eco de ellas, Dios nos consuela, nos reta, nos corrige y nos convence de nuestros pecados. A través del agua, el pan y el vino, Dios nos bendice, nos asegura de nuestra salvación y nos da sustento. Además de eso, aun cuando hablamos, el Espíritu de Dios está obrando en nosotros, incitándonos, animándonos, y enseñándonos (Gálatas 4: 6). Por eso, la próxima vez que ud. vaya a adorar a Dios, búsquese unos niños pequeños y los padres que les están enseñando a hablar. Le dará una buena idea de lo que la adoración debe de ser para todos nosotros—“ . . . se nos llama hijos de Dios. ¡y lo somos!” (I Juan 3:1)
REFLEXION TEOLOGICA MAS PROFUNDA
1. Esta orientación recurre a la principal analogía que encontramos en las Escrituras para entender cómo Dios y los seres humanos estamos interrelacionados—la analogía de una relación interpersonal. La comparación es:
a. Profundamente bíblica
b. Llena de potencial
c. Un riesgo, porque tenemos mucha familiaridad con el lenguaje relacional
La retórica de la adoración judeo-cristiana trata de un encuentro interpersonal en el cual los textos que leemos y cantamos sirven para representar la relación entre lo divino y lo humano. Las metáforas principales que se usan para describir la adoración son sobre la comunicación interpersonal. A menudo los salmos son textos de conversaciones. Muchas veces sirven para expresar oraciones a Dios, o palabras para Dios. A veces, representan la proclamación, o palabras de Dios. Las peticiones alternan con los oráculos. Los salmos nos enseñan, en las palabras de Walter Brueggemann, que “la fe bíbilica es, sin compromisos y sin vergüenzas, una fe dialógica.” (Los salmos y la vida de fe, Fortress Press, 68).
El salmo 12
-Empieza con una súplica: “Sálvanos, Señor, que ya no hay gente fiel,”
-Lo cual es interrumpido por un oráculo: “Voy ahora a levantarme, y pondré a salvo los oprimidos.”
Este patrón de alternancia ilustra lo que Raymond Jaques Tournay ha llamado la “liturgía profética del templo” (Sensing and Hearing God with the Psalms: The Prophetic Liturgy of the Second Temple in Jerusalem, Sheffield: JSOT Press, 1991).
SALMO 81 (uno de muchos ejemplos)
^Canten alegres a Dios, nuestra Fortaleza; ¡aclamen con regocijo al Dios de Jacob. ¡Entonen salmos! ¡Toquen ya la pandereta, la lira y el harpa melodiosa!....
^Escucho un idioma que no entiendo: “Te he quitado la carga de los hombros; tus manos se han liberado del pesado cesto. En tu angustia me llamaste, y te libré; oculto en el nubarrón te respondí; en las aguas de Meribá te puse a prueba. “Escucha, pueblo mío, mis advertencias; ¡ay, Israel, si tan sólo me escucharas!”
El Señor me dijo, “Convoca al pueblo para que se presente ante mí y oiga mis palabras, para que aprenda a temerme todo el tiempo que viva en la tierra, y para que enseñe esto a sus hijos.”
--Deuteronomio 4: 10
La adoración en la tradición Cristiana no se ha concebido tradicionalmente como sólo:
-la meditación sobre una idea profunda (aunque tenga muchas ideas profundas)
-el acto de engendrar un estado emocional en particular (aunque pueda ser profundamente emocional)
-un evento que se designa para atraer a cierto número de personas para pagar la hipoteca de la iglesia (aunque pueda ser atractiva)
-una experiencia placentera estética (aunque pueda ser profundamente bonita)
En cambio, la adoración se ha concebido primariamente como la “actuación de una relación entre lo divino y lo humano,” un “encuentro personal” entre Dios y su comunidad.
La liturgía, como los salmos, es como un texto de esta conversación interpersonal. Esto es esencialmente verdad en la mayoría de las congregaciones, incluyendo las “litúrgicas” y las “no litúrgicas.” (Lo que distingue entre las congregaciones en esta gama es si sus esquemas para la adoración son simples o elaborados, formales o informales, fijos o fluidos, históricos o intencionalmente no históricos—no si, en la mayoría de los casos, se entienden en términos de la metáfora de la conversación interpersonal entre lo divino y lo humano.).
La adoración en cualquier ámbito, si es cristiana, tiene que abarcar el escuchar y el hablar. Como parte central del acto de adoración es la lectura (y reiteración) de las Escrituras, la oración honesta, y el intercambio de regalos simbólicos entre nosotros y el Dios que nos creyó y nos redimió. Todo lo demás—la música, el arte, el drama, etcétera--son simplemente un medio para llegar a esos fines. Lo que hace falta en la mayoría de los ámbitos es ni más ni menos distinguir entre los medios y los fines.
2. “VERTICALIDAD.” La mayoría de estos pasos son “verticales.” Ocurren entre el Dios trino y nosotros. Fíjese bien: el término “vertical” es metafórico. Eso sí, Dios no sólo está “sobre” nosotros, sino también “a nuestro lado;” obra “dentro de” nosotros y es el fundamento “debajo de” nosotros. De todas formas, las imágenes dominantes bíblicas nos llaman a imaginar una relación vertical en la cual “busque[mos] las cosas de arriba” (Colosenses 3). Punto de tracción: Esto es especialmente importante en una cultura donde es fácil que el culto de adoración “se horizontalice.” Este proyecto es una crítica implícita de esta tendencia.
3. LA ADORACION PUBLICA ES FORMATIVA. Ideológicamente, la adoración no sólo refleja quiénes somos, sino que también nos ayuda a transformarnos mientras crecemos en la fe. Para decirlo de otra forma, la adoración es una parte del discipulado y la formación espiritual. Esto no quiere decir que la adoración sea la parte más esencial de la formación espiritual (aunque algunos sí lo dirían). PERO, aun si afirmamos que tiene algo de verdad, no representa cómo funciona una gran mayoría de las congregaciones. Punto de tracción: Esto presenta una crítica implícita de un acercamiento a la adoración que es esencialmente expresivista, en el cual la adoración solamente expresa lo que siente una congregación en un momento determinado. La adoración, al mismo tiempo que expresa lo que es una congregación, la va formando. Es una parte del crecimiento, el discipulado y el entrenamiento en la rectitud.
4. LOS HABITOS: La palabra “hábitos” está fuera de moda, pero es crucial. Como con las relaciones humanas, los momentos brillantes pueden ser memorables, pero lo que nos sustenta para toda una vida de discipulado son los buenos hábitos de una vida entera. Lo que es más, los hábitos se refuerzan a través de la participación corporal. Aprendemos con la práctica. Los impulsos de la fe, como las buenas jugadas del fútbol, se aprenden con mucha práctica.
5. LA LITURGIA Y LA VIDA. La adoración está íntimamente vinculada a la vida en el mundo. En el culto de adoración, practicamos ciertas actitudes o formas de hablar que necesitamos llevar con nosotros en el mundo.
Piense sobre cómo respondería instintivamente el cristiano maduro a lo siguiente:
*la tentación a hacer trampas en los impuestos LO SIENTO
*una puesta del sol bonita ALABADO SEAS, SENOR
*confusión sobre cómo ¿Cómo?
Esta conexión entre el culto de alabanza y y la vida no debe limitarse al ámbito de los esfuerzos humanos (en que se enfoca en qué tipo de esfuerzo le damos al culto). El nexo clave (véase Long, página 40) es que el Dios vivo y active está obrando a través de la liturgia y la vida.
Además, la conexión entre el culto y la vida sufre debido al uso de metáforas demasiado simplistas: un recargamiento de pilas, un descanso o un entrenamiento. En cambio, hay que ver la vida como un “prismático,” o una dimensión profunda de la práctica diaria. El culto cristiano son las prácticas de la vida Cristiana “condensadas” o “super concentradas.” Punto de tracción: Este acercamiento es una protesta implícita de prácticas que desconectan el culto y la vida diaria.
6. Los salmos bíblicos son el mentor y guía fundacionales en este vocabulario y gramática para el culto. El Padre Nuestro es un mandato a practicar muchos de estos pasos. Cada una de estas maneras de hablar son modificadas y formadas por los frutos del Espíritu.
7. Cada uno de estos hábitos verticales se reconfigura a causa del Cristo crucificado, resucitado y ascendido, especialmente cuando vemos que Jesús también participaba en ellos (“No me hagas beber este trago amargo,” “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”), y cuando nos damos cuenta de que el Jesús ascendido sigue participando en muchos de ellos, como “vive siempre para orar por nosotros.” (Hebreos)
8. Estas palabras—de alguna forma—sólo tienen valor hasta el punto en que reflejan y forman las disposiciones interiores y las acciones de sus practicantes. Si las palabras no tienen correspondencia ninguna con nuestros seres interiores, son vacías, y todos podemos ser hipócritas. Aunque esto se tiene que afirmar y recordar, este punto puede ser sobrevalorado; los patrones del habla todavía nos forman aunque no lo queramos (todavía). La mayoría de los patrones de habla es un texto que vamos aprendiendo, y sobrevalorar este punto puede ser una excusa para minimizar el discipulado.
9. Parte de lo atractivo de esta metáfora es que la gente añoran hábitos sanos de lenguaje en sus relaciones. Sabemos sobremanera cuando no se practica, cuando le falta la profundidad para abarcar nuestros deseos de transpariencia e intimidad. Esa experiencia es un punto de contacto para explorar este tema.
10. Si llega demasiado lejos, este acercamiento puede sugerir que el culto de adoración es meramente utilitario, que es sólo para la “formación.” Tenemos que ser mutuamente responsables para que esto no ocurra.
11. Este acercamiento no puede disminuir el misterio de la adoración. En fin, el Espírito mismo intercede con nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.
